La soledad del excéntrico

Hasta siempre cápsula del tiempo. Hacia al futuro y más pa`ca.

Posted in Internet y humanidad, Vida y obras by biocomplex on noviembre 6, 2009

Viajar al pasado es difícil (imposible), pero viajar al futuro es muy fácil. Coge una servilleta, escribe algo, guardad en el bolsillo, espera diez minutos y vuelve a leerla. ¡Felicidades has hablado contigo mismo con un desfase temporal! Esto lo he realizo desde que era pequeño, muchas veces para darme ánimos cuando leyera alguna “poesía” que escribía con diez años y cuando la recuperaba a los trece me describía a mi mismo que aguantará en el mundo de los vivos en dicho papel. Y así cuando lo leía cuando tenía diecisiete creaba un vínculo (falso) con mi yo-pasado.

Os adjunto fotos  y el mensaje que escribí en esta cápsula del tiempo. Y adivinen lo que mando al futuro.

15-9-2009 11:35 19,6ºC Nubes y claros. Localidad.

Esta es mi primera cápsula del tiempo de una lista, las cuales las demás tendrán la posición geográfica de las anteriores. Como escrito esto con total improvisación no sé que decir al futuro. ¿Os dejo céntimos de euro para saldar vuestras deudas ? Actualmente aquí reina la paranoia y la desidia con las pandemias propagandísticas y las crisis financiaras provocadas por unos pocos. El nivel de educación baja exponencialmente y la idiotez lo inunda todo. La ignorancia siempre vivirá. Y siempre será utilizada por el poder. EL MIEDO es la otra arma del buen gobernante.

Me llamo XXX XXX, soy biólogo y si sabeís viajar al pasado, buscarme para que me ría del futuro. ¿Qué idioma hablaís? ¿China domina el mundo? ¿El Islam se expande por la luna?

Alea iata est

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Deslízate por aquí (curiosidad gratuita hasta 60 días):

Post-it desde el cielo

Geocaching: aquí o por acá

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Memorias de un bicho. Confesiones en el frasco de la muerte.

Posted in Ciencia by biocomplex on julio 27, 2008

Oliendo en mi trajín mañanero fui a parar a un coladero. Estoy rodeada de compañeros inmóviles, moribundos, lo cuales no me saben decir lo ocurrido en su tartamudeo. Sigo mirando en mi caleidoscópica visión alrededor y acierto a entrever a otras seres diferentes, raros… ¡Qué antenas más cortas! ¡Qué vergüenza! No soy racista pero algunos son unos exhibicionistas con sus cuatro alas al aire. ¡Qué desfachatez! ¿Dónde están esos élitros que no puedo ver?

Perdonen mi brusca intervención pero en estos momentos la leyenda de la muerte a manos de gigantes se va hacer realidad. Cuenta la leyenda que un grupo de seres gigantes sin antenas se dedican a recolectar a los seres del bosque. Los que han sobrevivido a la experiencia dicen que los sometieron a estresantes situaciones en pequeños habitáculos. E incluso vieron a sus congéneres ser empalados con la mayor de las desidias.

Me llamo Monochamus galloprovincialis y soy hembra. Por eso no se fíen de la fotografía siguiente que es un macho, mmmmmm un buen macho todo hay que decirlo. Este gigante que se hace llamar biólogo y amante de la naturaleza comete la mayor de las atrocidades al encubrir mi asesinato bajo la cortina del conocimiento.

Yo lo siento, sufro mi fisiología cambiar… Mis hormonas se desequilibran, mi fluidos internos se desajustan cuando inhalo del ambiente el acetato de la muerte. ¡Ustedes mamíferos lo llaman dolor! ¡Hagan algo por favor! ¿Cuanto de nosotros han de morir embalsamados para demostrar lo obvio? Que el dolor es dolor.

Somos pequeños, sí. Y por este detalle minio para poder diferenciarnos los unos de los otros los gigantes nos desplazan a sus cobijos. Allí nos miran minuciosamente a través de unos extraños ojos pulidos, iluminándonos a los ojos como si de un interrogatorio malévolo se tratara. Examinándonos tarso por tarso, ocelo por ocelo.

¿Soy culpable por ser una pequeña miembra de la comunidad forestal? Cruel destino, que no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. ¡Asesinos… y asesinas! Porqué no nos catalogan como hacen con sus aves y mamíferos de compañía. Por ejemplo, haciéndonos fotos, tomando inocuas muestras de tejidos, registrando nuestros sonidos u olores corporales en nuestro ambiente natural. Ustedes gigantes ya tienen tecnología robótica para crear pequeños ingenios mecánicos que lleven sensores para registrar los aspectos mencionados lineas atrás. E incluso pueden crear si se lo proponen nano-robots para determinar los ácaros que intentan obstruir mis delicadas tráqueas sin aumentar su maldad.

¿Bioética? ¡Ja! No la tienen, no la tienen con nuestro colectivo jamás. Se excusan que extirparnos de nuestros hábitat natal apenas afecta a la población local. Ya que al ser nosotros unos seres con alta fecundidad la pérdida de un miembro no se hace notar, porque inmediatamente vendrá un nuevo aspirante al nicho ecológico ocupar.

Pero además se le añade su hipocresía debido a su alta longevidad y baja mortandad nos fragmentan nuestros hábitats natural. Con asfalto, hormigón y especies exótica nos quieren matar. Como cual cazador que de cara a la sociedad confiesa que le gusta el medio natural, pero como este ustedes arrollarán cualquier coscoja (Quercus coccifera) para poder disparar cómodamente al conejo o al objetivo de turno a tratar.

No se han dado cuenta que cualquier planta o bicho insignificante puede vuestra vida salvar, al encontrar en estos propiedades farmacológicas o nutricionales que divulgar. Holocausto de biodiversidad vuestros descendientes sufrirán, porque no paráis de homogeneizar la tierra, el aire y el mar. Las intrincadas redes tróficas alterarán y con cuatro especies generalistas en el futuro os tendréis que conformar.

Aún sigo aquí con el suplicio. Tu trabajo, mi suplicio. Los dedos del gigante se acercan. No me resisto a sus grasientos apéndices por lo adormilada que estoy. Me está elevando y oteo la habitación de la muerte. Era cierta las leyendas que circulaban por el bosque, miles de los nuestros son empalados y agrupados por familia en cajas. Sois sádicos, exponiéndonos de tal forma. Ni última cena, ni derechos, ni deberes. Detrás de un vacío legal os escondéis, para que entre vosotros os aduláis.

Ya estoy acostada con la cara ventral de mi abdomen hacia arriba. La luz encandila y el gran ojo pulido me vigila. Se acerca y se aleja en un traqueteo que me alucina. De repente, unas pinzas metálicas me agarran el tórax, mientras otra segunda se desliza más abajo de mis tibias. ¡Sodomía, sodomía! Intenta sacar mi genitalia femenina. Porque para estos gigantes la excusa perfecta para diferenciar géneros y especies, está en arrancarnos nuestros preciados órganos copuladores. El enganche que sucede entre el edeago de él y mi preciado tesoro es perfecto, y son esas estructuras de sujeción la cual el gigante mira y compara con devoción.

Espera, espera, que la fría varilla… Estridular no puedo y gemir menos, pero el gusto que me da ese palo metálico es un hecho. Oooohh, aaaah, ooooh me muerdo el labro y no puedo. Si me descuido mi sistema nervioso provocará la ovulación tras ello. ¡Ablación, ablación! Te has llevado para ti glándulas, oviductos y ovarios, mientras supuro tejidos, fluidos y dolor. ¡Cabrón! A tu mama no la tratas con tanta aprensión.

Ya me siento más despejada. Cuando se descuide despliego mis alas calentadas al foco. Y me dirijo a la luz del sol. Porque allá hay un trozo de libertador cielo para escapar del carcelero. Me ha soltado para entretenerse con mis visceras sexuales. Ahora es el momento. ¡Zasss! Ya llego, ya puedo salir de la habitación…

Cuando de repente topé con una invisible barrera. Por ello me desplomé y el gigante me recogió para depositarme en un bote en el cajón. Mientras no paraba de mover con un rápido movimiento, el pronoto y cabeza hacia abajo y hacia arriba, produciendo el frotamiento de las estructuras pars stridens con el plectrum un característico sonido. Otra vez me adormilo por el gas que cubre mi infructuosa evasión, con la cual la victoria no llego. Siento que pierdo el conocimiento una vez más…

Me acabo de despertar, pero aún mis apéndices no puedo deslizar. Con un dedo grasiento el cabrón sin nombre me retiene. Con el otro dedo mis ojos compuestos van admirar una panorámica de como la aguja me apuntillará.

Mi fin llegó, me despido de vos.