La soledad del excéntrico

Memorias de un bicho. Confesiones en el frasco de la muerte.

Posted in Ciencia by biocomplex on julio 27, 2008

Oliendo en mi trajín mañanero fui a parar a un coladero. Estoy rodeada de compañeros inmóviles, moribundos, lo cuales no me saben decir lo ocurrido en su tartamudeo. Sigo mirando en mi caleidoscópica visión alrededor y acierto a entrever a otras seres diferentes, raros… ¡Qué antenas más cortas! ¡Qué vergüenza! No soy racista pero algunos son unos exhibicionistas con sus cuatro alas al aire. ¡Qué desfachatez! ¿Dónde están esos élitros que no puedo ver?

Perdonen mi brusca intervención pero en estos momentos la leyenda de la muerte a manos de gigantes se va hacer realidad. Cuenta la leyenda que un grupo de seres gigantes sin antenas se dedican a recolectar a los seres del bosque. Los que han sobrevivido a la experiencia dicen que los sometieron a estresantes situaciones en pequeños habitáculos. E incluso vieron a sus congéneres ser empalados con la mayor de las desidias.

Me llamo Monochamus galloprovincialis y soy hembra. Por eso no se fíen de la fotografía siguiente que es un macho, mmmmmm un buen macho todo hay que decirlo. Este gigante que se hace llamar biólogo y amante de la naturaleza comete la mayor de las atrocidades al encubrir mi asesinato bajo la cortina del conocimiento.

Yo lo siento, sufro mi fisiología cambiar… Mis hormonas se desequilibran, mi fluidos internos se desajustan cuando inhalo del ambiente el acetato de la muerte. ¡Ustedes mamíferos lo llaman dolor! ¡Hagan algo por favor! ¿Cuanto de nosotros han de morir embalsamados para demostrar lo obvio? Que el dolor es dolor.

Somos pequeños, sí. Y por este detalle minio para poder diferenciarnos los unos de los otros los gigantes nos desplazan a sus cobijos. Allí nos miran minuciosamente a través de unos extraños ojos pulidos, iluminándonos a los ojos como si de un interrogatorio malévolo se tratara. Examinándonos tarso por tarso, ocelo por ocelo.

¿Soy culpable por ser una pequeña miembra de la comunidad forestal? Cruel destino, que no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. ¡Asesinos… y asesinas! Porqué no nos catalogan como hacen con sus aves y mamíferos de compañía. Por ejemplo, haciéndonos fotos, tomando inocuas muestras de tejidos, registrando nuestros sonidos u olores corporales en nuestro ambiente natural. Ustedes gigantes ya tienen tecnología robótica para crear pequeños ingenios mecánicos que lleven sensores para registrar los aspectos mencionados lineas atrás. E incluso pueden crear si se lo proponen nano-robots para determinar los ácaros que intentan obstruir mis delicadas tráqueas sin aumentar su maldad.

¿Bioética? ¡Ja! No la tienen, no la tienen con nuestro colectivo jamás. Se excusan que extirparnos de nuestros hábitat natal apenas afecta a la población local. Ya que al ser nosotros unos seres con alta fecundidad la pérdida de un miembro no se hace notar, porque inmediatamente vendrá un nuevo aspirante al nicho ecológico ocupar.

Pero además se le añade su hipocresía debido a su alta longevidad y baja mortandad nos fragmentan nuestros hábitats natural. Con asfalto, hormigón y especies exótica nos quieren matar. Como cual cazador que de cara a la sociedad confiesa que le gusta el medio natural, pero como este ustedes arrollarán cualquier coscoja (Quercus coccifera) para poder disparar cómodamente al conejo o al objetivo de turno a tratar.

No se han dado cuenta que cualquier planta o bicho insignificante puede vuestra vida salvar, al encontrar en estos propiedades farmacológicas o nutricionales que divulgar. Holocausto de biodiversidad vuestros descendientes sufrirán, porque no paráis de homogeneizar la tierra, el aire y el mar. Las intrincadas redes tróficas alterarán y con cuatro especies generalistas en el futuro os tendréis que conformar.

Aún sigo aquí con el suplicio. Tu trabajo, mi suplicio. Los dedos del gigante se acercan. No me resisto a sus grasientos apéndices por lo adormilada que estoy. Me está elevando y oteo la habitación de la muerte. Era cierta las leyendas que circulaban por el bosque, miles de los nuestros son empalados y agrupados por familia en cajas. Sois sádicos, exponiéndonos de tal forma. Ni última cena, ni derechos, ni deberes. Detrás de un vacío legal os escondéis, para que entre vosotros os aduláis.

Ya estoy acostada con la cara ventral de mi abdomen hacia arriba. La luz encandila y el gran ojo pulido me vigila. Se acerca y se aleja en un traqueteo que me alucina. De repente, unas pinzas metálicas me agarran el tórax, mientras otra segunda se desliza más abajo de mis tibias. ¡Sodomía, sodomía! Intenta sacar mi genitalia femenina. Porque para estos gigantes la excusa perfecta para diferenciar géneros y especies, está en arrancarnos nuestros preciados órganos copuladores. El enganche que sucede entre el edeago de él y mi preciado tesoro es perfecto, y son esas estructuras de sujeción la cual el gigante mira y compara con devoción.

Espera, espera, que la fría varilla… Estridular no puedo y gemir menos, pero el gusto que me da ese palo metálico es un hecho. Oooohh, aaaah, ooooh me muerdo el labro y no puedo. Si me descuido mi sistema nervioso provocará la ovulación tras ello. ¡Ablación, ablación! Te has llevado para ti glándulas, oviductos y ovarios, mientras supuro tejidos, fluidos y dolor. ¡Cabrón! A tu mama no la tratas con tanta aprensión.

Ya me siento más despejada. Cuando se descuide despliego mis alas calentadas al foco. Y me dirijo a la luz del sol. Porque allá hay un trozo de libertador cielo para escapar del carcelero. Me ha soltado para entretenerse con mis visceras sexuales. Ahora es el momento. ¡Zasss! Ya llego, ya puedo salir de la habitación…

Cuando de repente topé con una invisible barrera. Por ello me desplomé y el gigante me recogió para depositarme en un bote en el cajón. Mientras no paraba de mover con un rápido movimiento, el pronoto y cabeza hacia abajo y hacia arriba, produciendo el frotamiento de las estructuras pars stridens con el plectrum un característico sonido. Otra vez me adormilo por el gas que cubre mi infructuosa evasión, con la cual la victoria no llego. Siento que pierdo el conocimiento una vez más…

Me acabo de despertar, pero aún mis apéndices no puedo deslizar. Con un dedo grasiento el cabrón sin nombre me retiene. Con el otro dedo mis ojos compuestos van admirar una panorámica de como la aguja me apuntillará.

Mi fin llegó, me despido de vos.

7 comentarios

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  1. Profundezas... said, on julio 28, 2008 at 10:25 am

    Gracias por el reparo!
    Nos conoceremos?

    Un abrazo, S.

  2. biocomplex said, on julio 28, 2008 at 11:42 am

    No nos conocemos.

    Encantado.

    Ahora sí nos conocemos.😛

  3. hector1564 said, on agosto 6, 2008 at 2:49 pm

    Una ficción interesante

    Algo similar hizo EO Wilson en Consiliencia.

    http://www.revolucionnaturalista.com/2007/11/la-emancipacin-de-las-termitas.html

    saludos

  4. biocomplex said, on agosto 6, 2008 at 7:11 pm

    Conozco de refilón a E. O. Wilson aún no he leído nada de él. Debería de empezar con él. ¿Sabes por dónde empezar?

    No he leído nada en lo referente a la fisiología de los insectos cuando se les somete a anestésicos como puede ser el acetato de etilo. Se supone que lo asfixia. Quizás sea un pero que le encuentro a la historia que he creado. Bueno también habrá detalles de concordancia de tiempos verbales y personas que se me pasan por alto. Tampoco aspiro a ser escritor aficionado.

  5. biocomplex said, on agosto 6, 2008 at 7:30 pm

    Lo primero que he encontrado del libro de Wilson.
    http://www.terra.es/personal2/gmv00000/consiliencia.htm

    Me hace gracia un par de cosas al margen de la entrada.

    “. Y lo digo porque este país es tan miserable y está tan colonizado culturalmente hablando, que, tras haber sido vejado por mis ideas, ahora que comienzan a sostenerse por prestigiosos entendidos, posiblemente ya no nos pertenecerán más ni a mí ni a ninguno de los que valientemente están experimentando con ellas. España es tan mentecata, niega tanto la valía de sus ciudadanos, que no me cabe la menor duda de que si Wilson nos visitara, sería acosado por los medios de comunicación, y que aquellos que con ofendida dignidad nos negaron y nos siguen negando el pan y la sal, suspirarían por poder entrevistarlo. Miopía, estulticia… Sólo en asuntos como éstos, en que de verdad se pone en el tapete una idea moderna y revolucionaria, se ve que la ceguera es algo general del país, y que la practican todos, independientemente de su ideología o clase social. Tirios y troyanos rezuman pereza intelectual.”

  6. hector1564 said, on agosto 6, 2008 at 7:46 pm

    Hola Biomaxi,

    De EO Wilson yo creo que su libro más recomendable es precisamente Consiliencia porque intenta ofrecer una paronámica de la ciencia pero como un continuum. Allí entre otras piedras preciosas nos deja una concepción de la ética que yo intenté describir en un post:
    http://hector1564.blogspot.com/2008/06/crtica-las-ticas-sobrenaturales.html

    Saludos

  7. biocomplex said, on agosto 6, 2008 at 8:10 pm

    No puedo evitar tu pequeño traspié.😉

    Biomaxi es alguien mejor posicionado en la vida que yo tanto laboralmente, económicamente y sentimentalmente. http://evolucionarios.blogalia.com

    Por lo demás te leeré, más que nada porque utilizo a la gente con algún interés común para que me inicien en otros campos que por incomprensión nunca me ha dado por andar por sus senderos. ¿En que categoría te pongo? ¿O te creo una?😛


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