La soledad del excéntrico

¡Excentric@s al poder!

Posted in Internet y humanidad, Sobre el blog, Vida y obras by biocomplex on enero 8, 2009

Visto en Diletante

En el número 3 (1997) de la revista Esklepsis inicié una sección llamada Excéntricos, con esta cita de John Stuart Mill:

“Precisamente porque la tiranía de la opinión es tal que hace de la excentricidad un reproche, es deseable, a fin de quebrar esa tiranía, que haya gente excéntrica. La excentricidad ha abundado siempre donde ha abundado la fuerza de carácter; y la suma de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la suma de genio, vigor mental y valentía moral que ella contiene. El mayor peligro de nuestro tiempo se muestra bien en el escaso número de personas que se deciden a ser excéntricas.”
John Stuart Mill (Sobre la libertad)

¡¡¡¡A mi señal, Excentric@s al poder!!!!!

¡¡¡¡Adelante mis valientes!!!!

¡¡¡¡Aaaarrrr!!!!

¡¡¡Son muchos  vulgares y chabacanos!!! ¡A por ell@s!

P.D.: ¿Os gustan las entradas que son un copia y pega y además son cortas? ¿O me voy a flagerlarme a mis aposentos por publicar esto? ¿Alguien habilidos@ con el látigo? 😛

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El cielo se abrió y mostró su último saludo

Posted in Post-apocalíptico by biocomplex on agosto 14, 2008

El cielo se abrió y mostró su último saludo

Ambos habíamos terminados de realizar nuestras respectivas llamadas perdidas a nuestros allegados con nuestros viejos celulares. Eran las cuatro de la madrugada, pero cualquiera diría que nos encontrábamos en plena tarde de un día de julio. El famoso meteorito Nandung, nombre dado en honor al joven boliviano Fernando Jung de 12 años que lo descubrió, era el culpable de esta inédita contaminación lumínica. En su natal Santa Cruz este chaval de ascendencia coreana fue tratado como un héroe de estado. Eso fue hace 2 años porque el ahora Nando, como era conocido por sus amigos, se suicidó hace un mes. Fue en esos días cuando los gobiernos mundiales hicieron pública lo que desde hace meses era inevitable que se difundiera a través de las redes, que Nandung chocaría hoy. Y Nando no aguantó la presión de su curiosidad.

Su larga cabellera iluminaba la vasta planicie, la cual oteábamos a nuestros pies desde este solitario diapiro en medio de la nada. Ese amanecer provocaba la apertura de las flores y el tintineo los pájaros. El marco ideal para vender un mundo mejor por el publicista de turno. La velocidad con la que impactaría sería demencial. Minucias comparado con el ritmo frenético del bombeo de fluidos que sufríamos. Por una extraña razón cada vez que nuestras pupilas se cruzaban el pulso se sincronizaba. Era la señal que esperábamos; ella formaba parte de mi interior y yo del de ella. El tiempo proseguía, ya no importaba le habíamos ganado la batalla. A leguas de distancia un sonido seco estremeció a la fauna adyacente cayendo en un silencio sepulcral. Rápidamente interrumpido por el rugido de la polvareda que se aproximaba por el horizonte. Su cuerpo ya no estaba, pero el cosquilleo de su lengua en mi paladar la delataba.

El olor a carne quemada quedaba atrás mientras me elevaba. Un reflujo de intermitentes caricias palpaban mi inexistentes senos. Él ya no estaba, yo tampoco pero aún flotábamos, flotábamos…

-¿A dónde vamos Robert -dijo Jocelyn-. ¿Estás ahí?

-A donde nos lleve esta árida turbulencia -añadí desde algún lugar-. No tengas miedo, porque lo que pasó apenas lo notamos.

-¿Miedo? Ja, ja -añadió risotada-. Lo que siento son tus miedos, tus recuerdos, todo… Creo que ha acabado tu jurisdicción de malograda protección.

-¿Todo? Si claro…

-No querrás que te reviva tus vicios con ese patito de goma a los doce años. -comentó ella en tono burlón.

-Vale no sigas, era una época de exploración corporal- añadí resignado -. Cambiando de tema. Entonces somos un cuerpo. ¿No?

-¿Cuerpo? Ves ahora algo terrenal o alguna información sensoria que sostenga tu idea. Yo creo que no.

-Somos dos entes. Bueno un ente, que intercambia recuerdo. ¿Pero dónde cojones estaba almacenada esta información? -exclamé-. ¡Pero si no hay soporte físico alguno!

-A lo mejor no lo ves. A lo mejor los microtúbulos neuronales guardaban información cuántica.

-Si claro y ahora nos encontramos en una realidad paralela del grosor de un sobre de correos.

-Podría ser, podría ser… -añadió ella, siempre burlona.

-Claro, claro -dije retador-.¿Es ahora cuando te doy la razón como a los locos?

-Que bonito es todo esto. -murmuré-. Tsunamis de incendios por doquier. Humo negro troposférico. Y mira allá.

-El mar Mediterráneo en ebullición…

-No te voy a decir nada que no te había dicho antes Jocelyn.

-Sé lo que quieres decirme, cielo. ¿Recuerdas somos uno? Y así hasta la eternidad…

-Hasta la eternidad vertida en un agujero negro dirás.

-Si quiero.

-Yo también.

Fin

Deslízate por acá:

Meteorite Collision-Video

Doomdays! Lo que no entiendo es que los aztecas hayan visto algo que nuestros telescopios no puedan dar.

Memorias de un bicho. Confesiones en el frasco de la muerte.

Posted in Ciencia by biocomplex on julio 27, 2008

Oliendo en mi trajín mañanero fui a parar a un coladero. Estoy rodeada de compañeros inmóviles, moribundos, lo cuales no me saben decir lo ocurrido en su tartamudeo. Sigo mirando en mi caleidoscópica visión alrededor y acierto a entrever a otras seres diferentes, raros… ¡Qué antenas más cortas! ¡Qué vergüenza! No soy racista pero algunos son unos exhibicionistas con sus cuatro alas al aire. ¡Qué desfachatez! ¿Dónde están esos élitros que no puedo ver?

Perdonen mi brusca intervención pero en estos momentos la leyenda de la muerte a manos de gigantes se va hacer realidad. Cuenta la leyenda que un grupo de seres gigantes sin antenas se dedican a recolectar a los seres del bosque. Los que han sobrevivido a la experiencia dicen que los sometieron a estresantes situaciones en pequeños habitáculos. E incluso vieron a sus congéneres ser empalados con la mayor de las desidias.

Me llamo Monochamus galloprovincialis y soy hembra. Por eso no se fíen de la fotografía siguiente que es un macho, mmmmmm un buen macho todo hay que decirlo. Este gigante que se hace llamar biólogo y amante de la naturaleza comete la mayor de las atrocidades al encubrir mi asesinato bajo la cortina del conocimiento.

Yo lo siento, sufro mi fisiología cambiar… Mis hormonas se desequilibran, mi fluidos internos se desajustan cuando inhalo del ambiente el acetato de la muerte. ¡Ustedes mamíferos lo llaman dolor! ¡Hagan algo por favor! ¿Cuanto de nosotros han de morir embalsamados para demostrar lo obvio? Que el dolor es dolor.

Somos pequeños, sí. Y por este detalle minio para poder diferenciarnos los unos de los otros los gigantes nos desplazan a sus cobijos. Allí nos miran minuciosamente a través de unos extraños ojos pulidos, iluminándonos a los ojos como si de un interrogatorio malévolo se tratara. Examinándonos tarso por tarso, ocelo por ocelo.

¿Soy culpable por ser una pequeña miembra de la comunidad forestal? Cruel destino, que no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. ¡Asesinos… y asesinas! Porqué no nos catalogan como hacen con sus aves y mamíferos de compañía. Por ejemplo, haciéndonos fotos, tomando inocuas muestras de tejidos, registrando nuestros sonidos u olores corporales en nuestro ambiente natural. Ustedes gigantes ya tienen tecnología robótica para crear pequeños ingenios mecánicos que lleven sensores para registrar los aspectos mencionados lineas atrás. E incluso pueden crear si se lo proponen nano-robots para determinar los ácaros que intentan obstruir mis delicadas tráqueas sin aumentar su maldad.

¿Bioética? ¡Ja! No la tienen, no la tienen con nuestro colectivo jamás. Se excusan que extirparnos de nuestros hábitat natal apenas afecta a la población local. Ya que al ser nosotros unos seres con alta fecundidad la pérdida de un miembro no se hace notar, porque inmediatamente vendrá un nuevo aspirante al nicho ecológico ocupar.

Pero además se le añade su hipocresía debido a su alta longevidad y baja mortandad nos fragmentan nuestros hábitats natural. Con asfalto, hormigón y especies exótica nos quieren matar. Como cual cazador que de cara a la sociedad confiesa que le gusta el medio natural, pero como este ustedes arrollarán cualquier coscoja (Quercus coccifera) para poder disparar cómodamente al conejo o al objetivo de turno a tratar.

No se han dado cuenta que cualquier planta o bicho insignificante puede vuestra vida salvar, al encontrar en estos propiedades farmacológicas o nutricionales que divulgar. Holocausto de biodiversidad vuestros descendientes sufrirán, porque no paráis de homogeneizar la tierra, el aire y el mar. Las intrincadas redes tróficas alterarán y con cuatro especies generalistas en el futuro os tendréis que conformar.

Aún sigo aquí con el suplicio. Tu trabajo, mi suplicio. Los dedos del gigante se acercan. No me resisto a sus grasientos apéndices por lo adormilada que estoy. Me está elevando y oteo la habitación de la muerte. Era cierta las leyendas que circulaban por el bosque, miles de los nuestros son empalados y agrupados por familia en cajas. Sois sádicos, exponiéndonos de tal forma. Ni última cena, ni derechos, ni deberes. Detrás de un vacío legal os escondéis, para que entre vosotros os aduláis.

Ya estoy acostada con la cara ventral de mi abdomen hacia arriba. La luz encandila y el gran ojo pulido me vigila. Se acerca y se aleja en un traqueteo que me alucina. De repente, unas pinzas metálicas me agarran el tórax, mientras otra segunda se desliza más abajo de mis tibias. ¡Sodomía, sodomía! Intenta sacar mi genitalia femenina. Porque para estos gigantes la excusa perfecta para diferenciar géneros y especies, está en arrancarnos nuestros preciados órganos copuladores. El enganche que sucede entre el edeago de él y mi preciado tesoro es perfecto, y son esas estructuras de sujeción la cual el gigante mira y compara con devoción.

Espera, espera, que la fría varilla… Estridular no puedo y gemir menos, pero el gusto que me da ese palo metálico es un hecho. Oooohh, aaaah, ooooh me muerdo el labro y no puedo. Si me descuido mi sistema nervioso provocará la ovulación tras ello. ¡Ablación, ablación! Te has llevado para ti glándulas, oviductos y ovarios, mientras supuro tejidos, fluidos y dolor. ¡Cabrón! A tu mama no la tratas con tanta aprensión.

Ya me siento más despejada. Cuando se descuide despliego mis alas calentadas al foco. Y me dirijo a la luz del sol. Porque allá hay un trozo de libertador cielo para escapar del carcelero. Me ha soltado para entretenerse con mis visceras sexuales. Ahora es el momento. ¡Zasss! Ya llego, ya puedo salir de la habitación…

Cuando de repente topé con una invisible barrera. Por ello me desplomé y el gigante me recogió para depositarme en un bote en el cajón. Mientras no paraba de mover con un rápido movimiento, el pronoto y cabeza hacia abajo y hacia arriba, produciendo el frotamiento de las estructuras pars stridens con el plectrum un característico sonido. Otra vez me adormilo por el gas que cubre mi infructuosa evasión, con la cual la victoria no llego. Siento que pierdo el conocimiento una vez más…

Me acabo de despertar, pero aún mis apéndices no puedo deslizar. Con un dedo grasiento el cabrón sin nombre me retiene. Con el otro dedo mis ojos compuestos van admirar una panorámica de como la aguja me apuntillará.

Mi fin llegó, me despido de vos.